Entonces, de qué color es el cielo, perdóname si te insulto pero he visto varios tonos de ti, prácticamente nos llevamos conociendo mucho tiempo querido cielo, ahora no me vengas a mentir. Esta mañana me encontré con un pequeño y viscoso caracol, quien, sin pensarlo dos veces me habló. Me dijo que siempre se reía de nosotros porque eramos sexuados, que ironía, que ironía la vida, nosotros que nos creemos los mejores, nos vemos burlados por una criatura tan chiquitita. Además de eso me contó un poco sobre lo que era vivir sin prisas, disfrutar cada hoja, cada pedazo de tierra, cada minuto de vida, quizás no necesitaba conocer tanto porque sentía como si ya lo hubiera conocido todo, qué ventaja, qué honor conocerlo; después de eso pasó un zorzal que lo llevó a un lugar mejor, me ahorro los detalles, y yo me siento responsable, en vez de quedarse hablando conmigo pudo haber corrido, ¿o no? pero lo único que puedo hacer en su honor es contar esta historia, caracol, caracol, nunca más podrás sacar tus cachitos al maldito sol, pero de todos modos, si el zorzal no te mataba, lo hacía el calentamiento global, adiós.
Luego seguí caminando y me encontré con un perro amigo, qué perro más hiperactivo, corría a todos lados, se tiraba a mis piernas, y luego daba vueltas. Yo me pregunté por qué tanta felicidad, y al rato me di cuenta de que en su hocico llevaba una pequeña pelota roja, oh, que imagen más perfecta, un perro blanco jugando en la calle a las ocho de la mañana; pero el perro me siguió y yo quise meterme al juego también, le quité la pelota y se la tiré lejos, lejos, muy lejos, él salió atrás de ella y yo por mí camino, entonces me di media vuelta y ya no tenía la pelota en su hocico, no estaba en ninguna parte, sentí culpa de nuevo, miré el reloj y aún tenía cinco minutos de ventaja con el mundo, y salí corriendo a buscar la pelota del perro blanco, la encontré y se la devolví, me fui feliz, me di media vuelta de nuevo y ya la había perdido una vez más, no importa conciencia ciudadana tranquila.
En el metro veía a toda la gente llevar el periódico, oh, de dónde lo sacan. Le pregunté a un hombre y me dijo que entregaban el diario en la entrada, fui corriendo y pedí uno, qué felicidad, me sentía una ciudadana cualquiera, the best.
Qué es un día en la pequeña cuidad de Santiago, la verdad es que lo único que deseaba era estar en el sur, en el sur con lluvia o con truenos y relámpagos, querido cielo sureño, llévame contigo una vez más a tus verdes praderas.
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