La mirada perdida de aquel que no quiere ver. La respuesta casi automática de buscar afuera, afuera, afuera lo que está aquí. Ya nada parece digno de ser contado, siempre hay historias mejores y mejores formas de contarlas. Pero eso todos lo saben. Yo preferiría escribir, escribir, escribir, pero siempre estoy buscando. Y rara vez me canso. No hay solución fácil para la ausencia de lo esencial. Sólo están esas piezas postizas, los inútiles deseos cumplidos, y ese invencible optimismo que no me deja caer tranquila.
Hoy tengo la calma de un silencio inédito, un suspiro que busca expandirse más allá de estas murallas de concreto. Abarcar mucho más de lo que podría ser asumido como la verdad, seguir, seguir y respirar al unísono con todo lo que puede hacerlo. Para después, con toda la fuerza de la gravedad, tener que tragarme todo ese aire del mundo, sin poder soportar su grandeza.
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